La Biblioteca Leticia Krsul de Legados, nuestra casa del libro | Legados
23 Abril 2021

La Biblioteca Leticia Krsul de Legados, nuestra casa del libro 

Por: Mariana Marín, directora y fundadora de Legados

Una biblioteca nace y crece con la impronta de un tiempo y un lugar. La de Legados vio la luz en Montreal, una ciudad con vocación literaria, y aporta desde su barrio a esa construcción de una sociedad de lectores libres. 

Entramos a una biblioteca como si entráramos a un templo. En un templo los objetos están dispuestos de manera que responden a un cierto orden, relacionado con lo sagrado. A un llamado, que en la medida que es auténtico, nos conduce a un estado de contemplación que a la vez nos embarga. Sin entender aún demasiado, nuestra mirada lo recorre en intento de abarcar y abrazar. En una biblioteca los libros están reunidos de manera que también responden a un orden. El orden del caos, el que involucra gustos, deseos, intenciones, pensamientos e indagaciones.  En otras palabras, es el orden de la necesidad, del que Didi Huberman expresa: uno parte de una necesidad y en ese sentido hay un orden.

La biblioteca de Legados parte de la necesidad de mantener la lengua viva. En ella hay un intento de reunir, a través de sus libros, parte de la totalidad cultural latinoamericana. La totalidad, o parte, de la América mágica, India, negra e hispana. Esto responde a una necesidad social, pero también personal y biográfica. Hablamos entonces del arraigo como referencia anclado en la memoria, en las emociones que habitan la memoria del ser inmigrante. En ese sentido una biblioteca es también una morada.

El orden físico, esa disposición en los estantes, también responde al orden, particular e íntimo, de Legados, y se articula sobre el eje del programa de español como lengua de herencia, a la vez que responde a un orden universal. En este sentido nuestra biblioteca está organizada según el Código Dewey de bibliotecas del mundo, por lo que oscilamos entre un ordenamiento propio que se vale de formas de uso universal.

Lo dicho anteriormente es la idea sobre la que se basa nuestro catálogo donde se dan cita pasado y modernidad y en el que prevalece nuestra colección de libros en español, pero donde el lector y visitante también encontrará obras en quechua y náhuatl.

Y como irrumpir en una biblioteca además es un viaje, el que propone Legados transita de la literatura latinoamericana pasando por escritores de origen hispano que escriben desde suelo canadiense y europeo. El viaje también se aventura en revistas infantiles. En objetos de celebraciones y memorias. De estos, Eduardo Kingman , en La belleza del mundo, nos dice: “Objetos de la memoria, todos pequeños, cachivaches, no lugares y secretos. Objetos de misterio, simples objetos, tocados por la vida, tocados por la muerte, siempre propios, siempre mágicos, siempre ajenos… objetos de la memoria”.

La biblioteca tiene un latido y un ritmo propio según la hora en que la visitan sus usuarios. Tiene un trajín alborotado cuando unos bajitos pasan por allí eligiendo sus lecturas después de un curso de lengua, y un ritmo más pausado, cuando el día está cayendo y recibe la visita de adultos con la intención de adentrarse en sus laberintos. Pero también la biblioteca aspira a ser un espacio de encuentro de lectores y de escritores con un público.

Una biblioteca nace y crece con la impronta de un tiempo y un lugar. La de Legados vio la luz en Montreal, una ciudad con vocación literaria, y aporta desde su barrio a esa construcción de una sociedad de lectores libres. 

Por último, nuestra casa del libro posibilita la misión de Legados, la de enseñar la lengua a través de la literatura, y aprender y transmitir una lengua. Nuestro empeño y razón de ser va de la mano con la lectura como expresión de la cultura. Mirándolo desde esta empresa de buena convivencia, te invitamos a que apoyes con tu donación o con tu presencia al proyecto.

Agrandemos la biblioteca de Legados. ¡Una biblioteca es de todos! Y, parafraseando a Benedict Andersen, difundamos a través de ella nuestras literaturas, tejamos el viaje sin fin entre nuestras identidades y lenguas que nos definen en tanto comunidades en diáspora e imaginadas.

Gracias por la lectura y la revisión del texto a Eduardo Kingman Garcés y Francisco García González.